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El impacto de la inteligencia emocional en el trabajo en 10 datos

En los últimos años hay un concepto que ha irrumpido con fuerza en el ámbito empresarial y de los Recursos Humanos: la inteligencia emocional en el trabajo. Su incorporación dentro de las habilidades esenciales de cualquier profesional, especialmente los líderes, se debe a los beneficios que un alto EQ genera a nivel individual y corporativo, pero ¿cuáles son realmente estas ventajas?

Aunque el término de inteligencia emocional fue introducido por Wayne Pyane en 1985, su inclusión en el sector de las empresas es obra de David Goleman, que popularizó el concepto a partir de 1995 con la publicación de su libro Emotional Intelligence, donde define el EQ como “la habilidad de gestionar las emociones de modo que sean expresadas de forma adecuada y efectiva, permitiendo a las personas trabajar de manera coordinada en torno a los objetivos comunes”.

Inteligencia emocional en el trabajo

Desde entonces, las investigaciones científicas sobre los efectos positivos de la inteligencia emocional en el trabajo se han multiplicado, llegando a diferentes conclusiones sobre su impacto:

  1. Éxito. Según el propio Goleman, autor al que es recomendable leer, el tradicional IQ (inteligencia intelectual) solo representa el 20% del éxito profesional de una persona, mientras que el 80% restante está determinado, en gran medida, por la capacidad de gestionar sus emociones del sujeto.
  2. Satisfacción laboral. Los trabajadores con alta inteligencia emocional en el trabajo presentan índices más altos de satisfacción laboral y menores ratios de rotación de personal en las empresas, según la investigación A metaanalysis of emotional intelligence and work attitudes, de Chao Miao, Ronald H. Humphrey, Shanshan Qian.
  3. Rendimiento. El cociente de inteligencia emocional (EQ) es tan relevante para el desarrollo profesional que representa el 58% del rendimiento en cualquier tipo de trabajo y se convierte en el mayor impulsor de la excelencia personal y profesional de los individuos, según los datos publicados por TalentSmart. De hecho, según el estudio, el 90% de los trabajadores con altos resultados tienen, a su vez, un alto EQ.
  4. Productividad. Hasta un 127% más de productividad presentan los directivos que se preocupan por el desarrollo de la inteligencia emocional en el trabajo, según un estudio de la consultora Hay Group. Por su parte, TalentSmart sostiene que los profesionales con inteligencia emocional superior generan 29.000 dólares anuales más de beneficios económicos.
  5. Liderazgo. Una de las características que diferencian a los directivos de los auténticos líderes es la inteligencia emocional de los mismos, según La inteligencia emocional y su impacto en el liderazgo, de Amaia Goena Rodríguez y María Antonia Jaén Díaz.
  6. Innovación. El psicólogo Guy Winch, en su obra Emotional First Aid, afirma que las personas emocionalmente estables son capaces de afrontar nuevos retos y avanzar en entornos de cambio, encontrando soluciones a los problemas que surgen en el día a día.
  7. Autocontrol. Una investigación de la Universidad de Columbia, dirigida por Walter Mischel, demostró ya en la década de los 60, a través del conocido experimento de las golosinas, que las personas con inteligencia emocional eran, a su vez, más competentes socialmente, más emprendedoras y hábiles a la hora de gestionar las frustraciones.
  8. Adaptación. El trabajo Emotional, Social, and Cognitive Intelligence and Personality as Predictors of Sales Leadership Performance, del doctor Richard Boyatzis, evidencia que la inteligencia emocional en el trabajo aumenta la capacidad de adaptación de los profesionales a los cambios del día a día.
  9. Resiliencia. Las personas que experimentan y expresas sus emociones con frecuencia son más resilientes, es decir, tiene la capacidad de superar los problemas de forma positiva y salir reforzados de ellos, de acuerdo con el estudio Positive Emotions Broaden and Build, de Barbara L.Fredrickson.
  10. Burnout. La investigación Leading Through Burnout, de Kandi J. Wiens, en la que se evaluó la capacidad de gestión del estrés en médicos de grandes hospitales, llegó a la conclusión de que la inteligencia emocional en el trabajo de estos profesionales era lo que les permitía enfrentarse al desgaste de su trabajo, controlar el estrés y evitar el llamado síndrome de burnout.
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