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Innovación empresarial: la búsqueda del propósito elevado

El mercado empresarial crece y evoluciona, pero no por ello significa que no sigan existiendo grandes oportunidades para marcar diferencias. Día a día nacen nuevas empresas y startups dispuestas a demostrar al mundo que son capaces de mejorar la vida de las personas o de otros negocios mediante sus ideales. Entre estos nuevos negocios que se inician cargados de ilusión y optimismo hay un denominador común: la pasión. Se trata de uno de los combustibles que ayudan a que las empresas alcancen sus metas y que puedan marcar las diferencias que se han planteado los emprendedores. Dudas como si dirigir el negocio hacia una u otra dirección o si mantener la línea ya recorrida por otras empresas u optar por algo nuevo son cuestiones que forman parte de la fase en la cual se llega a definir el propósito elevado de una nueva empresa.

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¿Qué es el propósito elevado y por qué es positivo tenerlo?

El propósito elevado implica encaminar el trabajo que se realiza en la empresa hacia un objetivo común que refleje los valores corporativos y que permita poner en común a los distintos miembros de la compañía a la que representan. Se trata de un objetivo, una forma distinta de plantear los esfuerzos que se van a realizar para aportar algo al mundo y encontrar la identidad de cada negocio. Eso es lo que puede llegar a medir a un negocio, algo más tangible y valioso que otros factores que puedan tomar parte en el día a día de la empresa.

Resulta importante trabajar para crear una imagen y una filosofía empresarial que consiga definir el día a día corporativo y los valores que se reflejan en cada uno de los procesos de trabajo. Para ello es fundamental conocer y tener bien definido el propósito superior que se podrá alcanzar.

 

Usar el propósito elevado para generar beneficios

Fijarse metas u objetivos es algo muy simple pero, ¿es sencillo? Es normal que se confundan los deseos con la realidad. Se puede desear con gran vehemencia lograr una serie de propósitos pero si estos no se ajustan a la realidad, difícilmente se podrán cumplir con todas las metas propuestas. Por eso hay que ser objetivos y ajustarse al tamaño del negocio, su alcance y el mercado. No siempre tiene porqué ser un proceso simple, sino que requiere meditación y análisis de los valores de la compañía y de los objetivos que se hayan planteado en la misma. En todo momento hay que recordar que el líder no avanza en solitario, sino que todas las demás personas de la empresa también se implican en este proceso.

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¿Cómo implementarlo?

La primera cuestión que hay que contestar es la siguiente: ¿Qué queremos “vender”? Hay que olvidar por un momento los objetos materiales o los servicios que damos y hay que buscar un significado metafísico. Un claro ejemplo es la empresa Whole Foods, la cual tras observar sus productos y servicios decidieron vender “salud” y para ello se apoyaron en su gama de productos orgánicos, algo que resultó una gran innovación para la cadena de supermercados.

Tras saber qué queremos vender es momento de la siguiente pregunta: ¿Qué necesidad cubre el servicio que proporcionamos? Conocer el mercado al que se dirige permite que se pueda definir con más facilidad su target, haciendo así que sea más fácil reconocer el perfil del consumidor o futuros clientes a la vez que permite que sea más sencillo saber responder la siguiente pregunta: ¿Qué versatilidad tiene el producto que vendemos? Una de las primeras claves para que un negocio prospere es que hay que estar en constante renovación, ya que el mercado cambia y evoluciona de forma vertiginosa. Por muy seguro que estemos del servicio ofrecido, si no se está dispuesto a hacer modificaciones o hacer caso al feedback de los clientes el negocio seguramente acabará fracasando. Saber hasta qué punto se está dispuesto modificar la idea original para adaptarla al mercado sirve de ayuda para conocer el propósito elevado.

Y por último la pregunta más importante: ¿Confiamos en el producto final? Si tras analizar qué queremos vender, a quién y cómo, es momento de analizar si realmente creemos que se pueden lograr cumplir los objetivos marcados. Si la respuesta es negativa debemos volver al punto de partida para así, finalmente, encontrar el propósito elevado del negocio.

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1 Comentario

  1. 15 de Junio de 201615:38
    Carlos Piera Serra dijo:

    Me encanta la página y lo que representa.

    Referente a este post, iría con cuidado con la definición de propósito elevado ya que puede interpretarse que un objetivo como, “Ser el líder de mercado de mi sector”, puede ser el propósito elevado de mi organización. Esto es un objetivo o si me apuras la visón de cómo queremos estar posicionados. Pero yo no lo daría por válido como Propósito Elevado.

    Bajo mi punto de vista, el propósito es precisamente elevado porque trasciende nuestro propio ser. Por ello objetivos si los objetivos o metas son demasiado a corto/plazo, puede alejarse del significado metafísico que comenta el propio post (me encanta este concepto).

    Añadir que otro elemento clave para el propósito es que nos debe servir de guía e inspiración en el proceso de evolución y crecimiento empresarial. Tiene que ser un propósito que inspire a empleados, proveedores y clientes!

    El propósito ideal es aquel que consigue inspirar a comprar o recomendar tus productos a una persona que no es tu target.

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