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¿Ganar a toda costa? Valores de empresa, ética y disciplina

Gestiones, operaciones, transacciones… el día a día de los negocios discurre a una velocidad de vértigo que puede alejar a las compañías de sus metas y de sus valores de empresa. Un reciente ejemplo, como el caso VolksWagen, podría ilustrar este tipo de circunstancias. Mejorar, avanzar hacia la excelencia o perdurar son objetivos compartidos por organizaciones de cualquier sector pero no todas saben cómo llevarlos a la práctica, o al menos, no cómo hacerlo del modo adecuado.

¿Es cuestión de orientación del negocio? ¿Debe ser considerado como una cuestión relativa a las personas que lo dirigen? ¿Es posible darse cuenta de que se están traspasando los límites? Profundizar en los valores de empresa puede ayudar a determinar si existe o no una cultura consciente. Ahí está la clave del verdadero éxito, que nada tiene que ver con ganar a toda costa sino con los valores personales firmemente arraigados, como dice Fredy Kauffman en su libro “la Empresa consciente”, “Aprendieron que sus posibilidades dependen principalmente de la clase de persona que son“.

 

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Créditos fotográficos: sezer66

 

Las habilidades de los líderes y los valores de empresa

Las limitaciones suelen desembocar en la adopción de planteamiento erróneos, como el de que el fin justifica los medios, ¿de qué otra forma podría entenderse el engaño que este gran grupo automovilístico ha perpetrado?

Se derivan de la falta de una base sólida sobre la que construir futuro empleando la empresa como herramienta. Tienen que ver con el desconocimiento de las distintas formas en que se puede ayudar a las personas a descubrir todo su potencial, que tendrá su proyección directa en los valores de empresa. Reflejan falta de ética, aunque revelan un problema mayor.

Es demasiado frecuente el comprobar que los negocios están repletos de profesionales con perfiles técnicos envidiables… y que se quedan ahí. Nadie ha sabido desarrollar a estos ejecutivos para ayudarles a crecer como personas y, por tanto, a las empresas sobre las que deciden les falta perspectiva. Aplicado al caso de los motores manipulados, habría que preguntarse si quien introdujo la variación que se ha considerado ilegal era consciente de lo que estaba haciendo o no; si le faltó visión o carecía de disciplina, por lo que no fue capaz de mantener la consciencia y elegir conscientemente sus acciones.

Para que los ejecutivos puedan trabajar en sus valores de empresa necesitan entender que el éxito no se basa sólo en los conocimientos estrictamente profesionales, sino que la esfera individual es igual de relevante. Al abrir los ojos a esta realidad se puede empezar a indagar en las habilidades que se requieren para dirigir una empresa con sabiduría y compasión.

Algunas de estas capacidades son las siguientes:

  1. Libertad.
  2. Responsabilidad.
  3. Integridad.
  4. Coraje.
  5. Honestidad.
  6. Compromiso.

Cuando el servicio a los demás, la búsqueda de la verdad o la ecuanimidad se encuentran entre los valores de empresa se está muy cerca de lograr ser una de esas empresas que sobresalen. Tal y como expone Jim Collins en su libro “Good to great”, “uno de los factores cruciales de esta excelencia es la existencia de un grupo de líderes con una paradójica combinación de humildad personal y voluntad profesional“. Estos líderes, además de reunir habilidades como las seis mencionadas, necesitan la disciplina necesaria para que sus acciones les lleven a actuar del modo correcto, algo que pueden conseguir si intentan:

Aprehender la realidad, permaneciendo atentos a los estímulos externos y a cada cambio o impulso que procede del interior de su ser.

Dejar de lado las ambiciones personales en pos de un objetivo mayor, como es el de construir una gran empresa.

– “Ser mentalmente activos, en lugar de pasivos, para poder ver el mundo de otra manera” (Nathaniel Branden).

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