EL FUTURO DE ESTE CAPITALISMO FEROZ DE HOY: LA DISTOPÍA. Poniendo las ideas en orden tras una charla con Emilio Carrillo

Lluís E. Guerra Vidiella
Tiempo de lectura: 9 minutos

En muchas ocasiones me siento bendecido. La vida me ofrece regalos maravillosos. Suelen ser momentos, instantes en los que me siento pleno, en paz, alineado con el tiempo y el espacio, como si fuéramos una misma cosa, y el aire se vuelve denso y placentero. El pasado día trece de septiembre, Emilio Carrillo me obsequió con una nueva experiencia de este tipo. Fue durante una “Charla Consciente” organizada por la Fundación Capitalismo Consciente bajo la dirección de mi querido Xavi Ginesta.

Emilio Carrillo es un economista, escritor y conferenciante sevillano. Fue gerente de urbanismo y vicealcalde de Sevilla por el PSOE y profesor honorario de Economía Política de la Universidad de la misma ciudad y de Desarrollo Local en la Escuela de Gobierno Local de la Universidad Menéndez Pelayo y la Universidad Carlos III de Madrid, durante ese tiempo también estuvo vinculado a la Organización Internacional del Trabajo. Ocupó el puesto de subdirector del área de Hacienda y fue coordinador de las sociedades mercantiles de la Diputación de Sevilla. Tras una grave trombosis con muchas complicaciones abandonó todo para profundizar sobre la naturaleza humana y reflexionar sobre nuestra sociedad y el sentido de la existencia. Desde entonces, se ha dedicado a escribir (ha publicado decenas de libros) y a difundir sus vivencias, pensamientos y hallazgos y, por ello, ha recibido no pocas críticas que lo acusan de pseudocientífico.

La presencia de Emilio Carrillo emana paz. Él dice que es porque tiene confianza en la vida. Cree que todo lo que ocurre tiene un sentido superior, una razón muchas veces incomprendida o, simplemente, rechazada por la razón. Sin embargo, la observación del universo en su inmensidad y su evolución, además de relativizar cualquier de nuestras existencias individuales, muestra que todo está y es como debe estar y ser sin opción para el ser humano de influir de ningún modo. Esa confianza en la vida lleva a Emilio a la aceptación de la realidad y de los acontecimientos y, además, a no enjuiciar nada. ¿Enjuiciar…?¿Para qué? Si al final todo es como debe ser y está dónde debe estar. ¿De qué sirve la vanidad que nos ocupa o que nos rodea?

Si debemos confiar en la vida y aceptar lo que nos propone sin capacidad de influir ni de enjuiciar para que hacer nada, ¿por qué no nos sentamos simplemente a observar? Emilio Carrillo dice que es todo lo contrario. La observación de los acontecimientos libre de juicio no implica justificar, por ejemplo, el daño o sufrimiento que personas menos conscientes puedan infligir. La consciencia, que no es más que la acción con un propósito, conduce, pues, a la acción, a la acción correcta (concepto desarrollado por Buda Gautama). La observación de la vida no es posible sino a través de la acción. Gozar la vida es hacer lo máximo que se pueda desde el corazón, agradecido de poderlo hacer, aprovechando todo lo bueno que hay en uno mismo, sin esperar ningún resultado, sin esperar nada a cambio.

Así, en resumen, para crear el ambiente adecuado para su discurso, Emilio Carrillo nos convida a:

  • Confiar en la naturaleza.
  • Vivir la aceptación.
  • Liberarnos de todo juicio.
  • Actuar dando siempre lo mejor de nosotros mismos, sin esperar recompensa alguna.

Desde ese estado de ánimo, durante nuestra charla, Emilio Carrillo revisó el actual sistema económico, social y político. Él entiende que el sistema capitalista viene determinado por siete señas de identidad, a saber:

  1. El valor de cambio domina frente al valor de uso. Según el Marxismo se trata de la columna vertebral del sistema y la semilla de la especulación. El valor de cambio de un bien lo determina el mercado al proponer cambiar su valor de uso por otros valores de uso alternativos. Pero el valor de cambio de un bien no viene determinado únicamente por su valor de uso, sino también por factores nada triviales, como el tiempo y el espacio. Aunque el bien tenga un valor de uso inmutable, no es lo mismo cambiarlo hoy que mañana, aquí o allá.
  2. El propósito primordial del agente económico en el sistema es la maximización de su beneficio.
  3. Los agentes económicos del sistema tienden a la apropiación de los recursos disponibles, desde las materias primas al trabajo. Esta tendencia se pone de manifiesto en todos los sectores. Genera un entorno de escasez que nos fuerza a trabajar para pagar nuestras necesidades reales, además de las creadas por el sistema, sin atender a nuestros dones y talentos.
  4. El sistema mantiene una geo-estrategia expansiva. El sistema para sostenerse debe crecer continuamente ocupando cada vez una área geográfica mayor.
  5. El sistema se caracteriza por la voracidad medioambiental. No existe una preocupación verdadera en la conservación del medio ambiente. La apropiación de recursos junto a la expansión geográfica exterminan la riqueza natural del planeta sin vías de solución.
  6. Concentración de la tecnología y la inteligencia en manos de los agentes más poderosos. El sistema promueve el avance tecnológico sólo para su propio beneficio (maximizar la productividad, la rentabilidad y su poder de expansión). Los recursos modernos también son apropiados.
  7. Finalmente, el sistema se basa en el egocentrismo. “Yo” como centro del universo. La distinción entre el “yo” prioritario  y el “otro” secundario, conduce a la desapareció del ”nosotros” como bien supremo a proteger y los seres humanos pasan a ser codificados, clasificados, diferenciados y/o ordenados. El individuo prevalece sobre la propia humanidad.

CTA - Descarga ebook 1 - Cómo crear una empresa consciente - Text

Siempre según Emilio Carrillo, estas siete características del Capitalismo se observan a lo largo de su historia. Y, así, se introdujo en el repaso sintético de la historia del Capitalismo, deteniéndose en cada etapa a observar la evolución de su base económica, su alcance geográfico y el sistema político que lo soporta. Para hacerlo corto, distingue tres fases: nacimiento y consolidación y primera y segunda mutación.

  • La fase de nacimiento y consolidación es el mercantilismo y sucede en Europa a finales del siglo XV y principios del XVI. La base de la ganancia del sistema era el comercio de productos y servicios fundamentado en el valor de cambio. El crecimiento se consigue transformando los mercados locales en regionales. El poder político reside en las monarquías absolutistas. Para Carrillo, el arquetipo de esta etapa del sistema es la rata, un roedor. El ejemplo paradigmático es El Mercader de Venecia.
  • La primera mutación ocurre en el siglo XIX, con la Revolución Industrial. Del comercio se pasa a la industria, a la producción a gran escala. La industria y la empresa pasan a ser el epicentro del sistema que, frente al mercantilismo anterior, ahora podemos denominar productivista. El paradigma es producir lo más barato posible y vender lo más caro posible. Los mercados pasan a ser internacionales y el centro de poder económico abandona Europa y se localiza en EE.UU.. En este fase, la organización política es la democracia liberal. El arquetipo es un felino fuerte, un león. Se trata de una animal poderoso y que actúa anticipándose sobre la base de una estrategia definida basada en una visión a largo plazo y el control de los recursos.
  • La segunda mutación nos trae al momento actual. Se trata de una etapa vinculada a la transformación tecnológica. El sistema se vuelve especulativo y el paradigma es ganar lo más posible en el menor tiempo. El sector financiero desplaza a la industria y la economía pasa a estar controlada por la banca. El ámbito geográfico es global y opera 24 horas al día 365 días al año. El eje de poder económico se desplaza al Pacífico (EE.UU., China,…). El sistema político es una falsa democracia. De hecho, la democracia como se conoció deja de existir convirtiéndose en una mera pantalla y se sustituye por unos poderes económicos concentrados en muy pocas manos, anónimos y opacos fuera del control de los ciudadanos y que utilizan a los gobiernos en función de sus intereses. En este punto, el arquetipo es un reptil, el cocodrilo, voraz, insaciable y que actúa sin ninguna estrategia, pensando sólo en el aquí y ahora, sin perspectiva y sin respeto por los recursos.

Para Emilio Carrillo esta última etapa ha levantado un huracán de potencia creciente que ya no se podrá detener hasta que colapse por sí mismo. Estamos viviendo una crisis sistémica profunda que se da con mucha fuerza a la vez en muchos ámbitos distintos. Y, así, compartimos una pérdida de valores y principios y, por tanto, de referentes, en la que el fanatismo y los populismos tienen su caldo de cultivo.

Las diferencias entre ricos y pobres no dejan de crecer. El estrés medioambiental del planeta es enorme, no se detiene y pronto perderemos especies como el oso polar, el rinoceronte blanco, el tigre, el gorila, el atún rojo, etc. y navegaremos en océanos completamente cubiertos de plástico a la vez que las enfermedades derivadas de la contaminación no cesarán de crecer. Los efectos de la crisis sistémica se observan también en los movimientos migratorios, las guerras, en los episodios de hambruna, en la aceptación generalizada de las injusticias, en el colapso de las instituciones, la confusión en la separación de poderes, la post-verdad, etc., etc.

Sin embargo, la crisis, lejos de quererse combatir, se convierte en la columna vertebral del sistema. Deja de significar un fracaso para ser considerada como un éxito. El estado de crisis permanente genera inseguridad y miedo en la población y la predispone a someterse y obedecer. No convienen personas que puedan pensar y el sistema actúa para eliminar su consciencia. La gente no lee, no piensa, se conforma con seguir la programación de la tele-basura, sentir el placer del consumo y refugiarse en la pasión de eventos deportivos. Sin espíritu crítico, la población se abandona a la apropiación de su voluntad, a la manipulación y a la tergiversación de la realidad.

Así, el ser humano se convierte en el esclavo moderno (término acuñado por el sociólogo y Premio Príncipe de Asturias, Zygmunt Bauman),  sin consciencia de su condición. La sociedad del consumo, compuesta por la nueva “raza de deudores” (también atribuido a Bauman), induce a los individuos a adquirir deuda, cuanto más mejor. Se trata de crearles falsas necesidades y ofrecerles los productos capaces de satisfacerlas y, a continuación, volverles a crear otra falsa necesidad, y así sucesivamente sobre la base de la perversa fórmula del “compre ahora y pague después”. A través del crédito y la deuda el esclavo moderno reduce al mínimo el tiempo entre la aparición del deseo y su satisfacción a la par que cree ser libre.

En este sentido también resulta paradigmática la consideración actual del trabajo como un derecho. El esclavo moderno necesita de forma imperiosa trabajar para cumplir el ciclo del consumo y, para ello, dedica su tiempo a actividades completamente desligadas de sus dones y talentos. Paul Lafargue en su obra “El Derecho a la Pereza” defiende que no es el trabajo, sino el placer, el objetivo máximo que debe perseguir la clase obrera. “El fin de la revolución no es un triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y demás embustes con que se engaña a la humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y disfrutar, intelectual y físicamente, lo más posible. Al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse”. Más allá de esta visión radical, sí que el objetivo debería poder ser vivir de aquello para lo que uno está dotado y disfruta haciendo. Sin embargo, en nuestro sistema educativo se induce a la competencia entre individuos y el éxito individual viene dado por la riqueza, sin prestar atención al aprovechamiento y el goce de los propios habilidades y dones.

Para Emilio Carrillo, hoy, el sistema capitalista financiero nos conduce a la distopía. La distopía, también conocida como la antiutopía. Mientras la utopía imagina un mundo donde las doctrinas se acoplen de manera armoniosa en el funcionamiento de las sociedades, la distopía, por su parte, toma la base del planteamiento utópico y lo lleva a sus consecuencias más extremas. De allí que planteamientos utópicos disciplinantes, que a primera vista podrían parecer sistemas ideales, en la utopía se convierten en realidades indeseables, donde las doctrinas erigen sistemas totalitarios, injustos, espantosos e insoportables. Plantea pues, un sociedad ficticia indeseable en sí misma y plantea un mundo donde las contradicciones de los discursos ideológicos son llevadas a sus consecuencias más extremas.

Lejos de horrorizarse ante estos augurios fatales, Carrillo nos recuerda que debemos confiar y vivir la aceptación. Él considera que son una tremenda oportunidad de hacer un salto de conciencia y salirse del sistema, situándose justo en el ojo del huracán donde los vientos están en calma y el cielo despejado. Lo siente como una invitación a conocer la realidad en la que estamos (a través de la mente concreta) y para dar espacio al crecimiento de la consciencia (mente abstracta). De hecho constata un crecimiento de la consciencia en muchos ámbitos de la sociedad.

Ante la inminencia de tiempos tan convulsos, Emilio Carrillo, enfocándose la conciencia, nos recomienda lo siguiente:

  • Desconectar del entorno en el que esta sociedad está creciendo y desarrollándose.
  • Llevar una vida sencilla.
  • Compartir en vez de competir.
  • En lo posible, no tener deudas.
  • Operar en negocios de cobertura local.
  • Trabajar en tu pasión, allí donde tus dones y talentos puedan florecer.
  • Saber que todo aquello que posees te posee; cuidarse.
  • No leer prensa ni ver televisión.

A ver…

CTA - Descarga ebook 1 - Cómo crear una empresa consciente - Horizontal

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars
(1 votos, promedio: 5,00 de 5)

Entradas relacionadas

Deja un comentario