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Las etapas del ‘Yo’ en la mejora de habilidades interpersonales

La adquisición de habilidades interpersonales no es algo con lo que nacemos o que podamos conseguir en un día o una semana. Se trata de un proceso lento que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y que varía de una persona a otra.

Según la Teoría del Desarrollo de las habilidades interpersonales, conforme los sujetos crecen, van evolucionando, especialmente debido a los roles sociales a los que se ven expuestos. Esto se debe a la evolución del ego, entendido como el “marco de referencia que cada persona emplea para construir e interpretar el mundo”, según es definido en Teacher Education as Adult Development, de Carol S. Witherell y V. Lois Erickson. Un avance personal que va de la mano de los factores externos y que provocan que todos los individuos adquieran más habilidades interpersonales paulatinamente y que cada uno lo haga en función de sus circunstancias.

Las etapas del ‘Yo’ en la mejora de habilidades interpersonales

En este sentido, Jane Loevinger, en su obra Paradigms of personality, compartió un modelo empírico de desarrollo con nueve etapas secuenciales basado en los estudios previos de Erik Homburger Erikson y Harry Stack Sullivan. Cada una de ellas representa una forma progresivamente más compleja de percibirse a sí mismo en relación con el mundo como consecuencia de la interacción entre el ‘Yo interior’ y el mundo exterior.

¿Cuáles son estas etapas de maduración por las que pasan las personas?

  1. Presocial. Es la que se produce en las primeras fases de la vida, cuando el bebé se limita a satisfacer sus necesidades inmediatas, sin que tenga consciencia sobre sí mismo y su relación con el mundo. No obstante, como señala Loevinger, esta etapa no dura mucho, pues pronto comienza a surgir una diferenciación entre el ‘Yo’ y el ‘No yo’.
  2. Impulsiva. Se registra en la infancia de los seres humanos, donde los niños desarrollan una perspectiva egocentrista, preocupándose principalmente por sus propios impulsos y en cómo los factores externos le afectan a sí mismo. En este punto, empieza a percibir que no siempre sus deseos son satisfechos y aparecen los conceptos de recompensa y castigo.
  3. Autoprotectora. El individuo empieza a desarrollar cierto autocontrol de sus impulsos. El sentimiento de culpa es percibido por el sujeto, pero lo achaca a otras personas o circunstancias como mecanismo de defensa.
  4. Conformista. El siguiente estadío en el desarrollo del ego es el conformismo, es decir, las personas aceptan la existencia de códigos o normas sociales preestablecidas, haciéndose conscientes de lo correcto y lo incorrecto en su comportamiento. De ahí que en esta etapa, los sujetos tiendan a unirse a otros con similares características, esperando ser aceptados socialmente.
  5. Autoconsciente. Es aquí donde empiezan las etapas del ego en la edad adulta; de hecho, para la autora, la mayoría de las personas alcanzaban esta autoconsciencia a partir de los 25 años. En esta fase, el individuo empieza a tener una mayor consciencia sobre sí mismo y rompe las barreras de su grupo social, comenzando a percibir diferentes perspectivas sobre un mismo escenario y aumentando el interés por mejorar las relaciones y habilidades interpersonales.
  6. Consciente. En este punto, la persona es capaz de asumir las normas sociales, pero también de comprender que existen excepciones en un contexto más complejo. Por tanto, concibe la vida como una elección constante. Surge así un sentimiento de culpa o malestar, no ya por incumplir los convencionalismos, sino por dañar a otro individuo.
  7. Individualista. Un paso más allá en el desarrollo del ego y de las habilidades interpersonales requiere que el individuo sea consciente de las diferencias individuales y la complejidad de las relaciones sociales, ofreciendo grandes dosis de tolerancia para escuchar otras perspectivas y aceptar esta diversidad.
  8. Autónoma. En este punto, la persona se libera de las ataduras de los prejuicios e ideas preestablecidas, siendo capaces de integrar diferentes puntos de vista. Ahora bien, esta mayor libertad de pensamiento también impulsa la dependencia emocional y los conflictos internos en el sujeto.
  9. Integrada. Pocas personas llegan a esta fase, según Loevinger. En esta etapa, el aprendizaje continuo marca la agenda de la persona, que apuesta por una mejora constante. Crece la empatía interna y externa, de modo que se consigue una gestión óptima de los conflictos internos de la anterior fase, consiguiendo una excelente inteligencia emocional que le permite perfeccionar las habilidades interpersonales.
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