Valores empresariales: el verdadero espíritu del liderazgo

Julius Lamb
Tiempo de lectura: 3 minutos

En un contexto organizacional, el liderazgo no está limitado solamente a los CEOs, presidentes o comités de dirección. Si bien son ellos los que deben definir la visión, los valores empresariales y el rumbo de la empresa, el liderazgo se reparte entre, y toca a, cualquier persona que tenga responsabilidad o influencia sobre otras personas.

Cuando hablamos de liderazgo en las organizaciones no hablamos de “conquistar el mundo”, sino del trabajo que se realiza día a día para comprometer a personas con un proyecto y con los valores empresariales que rodean a dicha idea.  

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Conceptos de liderazgo

Sin embargo cuando miramos las definiciones aplicables a personas que ocupan este tipo de responsabilidad en una compañía encontramos conceptos que no satisfacen completamente.

Así, la Real Academia de la Lengua Española propone las siguientes definiciones de liderazgo:

  •         Líder: “Persona que dirige u orienta a un grupo que reconoce su autoridad”.
  •         Mando: “Persona que tiene la función y autoridad para mandar”.
  •         Gerente: “Quien dirige o administra una organización”.

Por su parte, el Diccionario Oxford nos dice que un manager es “un individuo que está al cargo de un grupo de tareas o un área de una compañía y que tiene personas que le reportan” o “una persona que es responsable del control o administración de una organización o un grupo de empleados”.

Una definición puede parecer banal, solamente una palabra, pero no es así. El cómo definimos nuestro trabajo influye en cómo lo realizamos. Por tanto, ¿qué impacto tienen entonces los roles relativos al liderazgo arriba mencionados en el desempeño profesional?

 

valores empresariales

El auténtico espíritu del liderazgo

Si analizamos el lenguaje utilizado -mandar, controlar, administrar, dirigir…- surgen las siguientes preguntas: ¿es esa realmente la definición de líder? ¿son esas realmente las funciones de un  manager en el siglo XXI?

Si entendemos por liderar la capacidad de compartir una visión, ilusionar al equipo, comprometer al capital humano con un propósito y valores empresariales y hacer que las personas den lo mejor de sí para la organización porque la sienten como suya,  entonces la respuesta es no.

En las escuelas de negocio nos enseñan a medir, a evaluar, a controlar y administrar pero, si bien esas funciones son necesarias para que una organización funcione bien,  eso no es liderar. No solamente eso sino que, además, se da la paradoja de que cuanto mayor es el control, menor es la responsabilidad el empleado, es decir, cuanto más instrucciones hay por parte del superior, menos creatividad, menos iniciativa y menos sentido de la copropiedad del equipo.

Sin embargo, si deseo que mis empleados den lo mejor de sí, debo darles libertad. Si quiero que mis empleados estén comprometidos con la compañía, su misión y sus valores empresariales, debo escucharles e incluirles en las decisiones.

No se trata de ser ingenuo. Un líder debe definir hacia dónde debe ir la organización, el equipo, el proyecto o el área que lidere, pactar objetivos  y lograr que las personas se esfuercen para lograr esas metas. Y, para ello, deberá poder sacar lo mejor de las personas. Se hace necesario, por tanto, un liderazgo positivo, que combine la consecución de resultados con el desarrollo y el cuidado de las personas. Se trata de obtener resultados gracias a las personas, no simplemente a través, ni a pesar de las mismas.

El liderazgo positivo como parte de los valores empresariales

Entonces, ¿cómo sacar lo mejor de las personas? Si reflexionamos sobre nuestras propias vidas y experiencias, seguramente encontraremos un ejemplo de alguien que, en un momento dado, fue capaz de sacar lo mejor de nosotros.  ¿Qué hicieron esas personas?

Seguramente no controlaron, mandaron o administraron, de la misma manera que ciertamente tampoco nos envolvieron entre algodones.  Por el contrario, creer en nosotros, retarnos, acompañarnos donde fuera necesario, incomodarnos, provocarnos y apoyarnos sí son comportamientos de liderazgo positivo.

Las personas no quieren trabajar en un entorno de “parvulario”. Quieren ser desafiados, demandan el apoyo justo y la presión precisa, reclaman aportar y tener la libertad para crear. En definitiva, desean tener una visión clara y participar en dicha visión con sus habilidades y su trabajo, sabiendo que contribuyen y que son reconocidos por su trabajo.

El líder debe ser consciente (mindful), comprender el impacto que sus palabras y actos tienen sobre las personas y tener claro que su función no es mandar y controlar, sino retar y apoyar. La clave para este liderazgo se basa en encontrar un equilibrio entre desafío y sostén que propicie que las personas quieran dar lo mejor de sí.

Pero, tras todas estas habilidades, hay además una actitud fundamental, única, inexcusable, imposible de fingir, que sostiene a la figura del líder verdadero: la generosidad.  El auténtico líder es generoso, porque sabe que no está creando seguidores, sino grandes profesionales y futuros líderes.

Gestiona menos, lidera más.

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Julius Lamb

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